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Salsa de tomate

Cuando prepares salsa de tomate, aprovecha y cocina la de toda la semana. Congela una parte y así la tendrás siempre lista. Cuando la vayas a utilizar, saltéala en la sartén, que has cocinado tus alimentos; de manera que tome el sabor de cada guiso.

Estos secretitos pueden ayudar a que tu salsa de tomate tenga el toque de los mejores chefs:

  • Utiliza una olla que disipe el calor, una buena solución es poner un disipador sobre el fuego (un círculo de metal cualquiera funciona) para que el calor no se concentre en puntos específicos, de esta manera se cocinará de forma más uniforme.
  • Es esencial sudar la cebolla mientras se cocina. En la misma cacerola en la que luego armaremos la salsa, se saltea la cebolla en muy poco aceite y se le agrega bastante sal. La sal hará que el líquido que contiene la cebolla se evapore en su mayoría y le quitará en consecuencia el sabor fuerte que puede tener el vegetal que, para la salsa de tomate, no es muy agradable. No te preocupes por la sal, pues no salará la salsa, se irá junto con el jugo de la cebolla.
  • El agua que le agregamos la pulpa de tomate (mientras se cocina, para permitir cocinarla por más tiempo sin reducir el volumen en exceso) debe estar hirviendo, y se debe agregar una vez que la salsa esté también en ebullición. Haciendo esto ambas se mezclarán mejor y el sabor será más agradable y menos aguado.
  • Entre las hierbas aromáticas con las que podemos darle sabor a nuestra salsa de tomate están el orégano, el laurel y la albahaca. Puedes agregar otras a tu gusto; pero es importante destacar que si bien el orégano se lleva bien tanto con la albahaca como con el laurel, éstas dos no se llevan bien entre sí. Así que al momento de cocinar tu salsa de tomate, elige sólo una de ellas.

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