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Algunos mitos y realidades de la lactancia materna

Alicia Ruiz Zaparolli - Nutricionista y Asesora en Lactancia
La voz del experto

Actualmente se ve un movimiento masivo en favor de la lactancia materna, y cada día vemos más madres amamantando a sus bebés en el día a día: en el trabajo, en el parque, la calle, el bus, en fin… en todos lados. 

 

Sin embargo, las cifras nacionales nos dicen que en Guatemala aún persisten algunas creencias y mitos que hacen que la lactancia materna se dificulte para muchas madres. Aquí les traigo algunos de los más comunes:

 

Mito: “No tengo suficiente leche”

 

Realidad: Leche si hay, lo que no hay es apoyo e información. La educación prenatal es muy importante y es por esto que toda madre embarazada debería accesar a información actualizada en la fisiología de la lactancia materna, para que no le ataque este mito. La lactancia es un proceso natural del cuerpo en donde intervienen dos hormonas: prolactina y oxitocina. La prolactina es la que le dice a nuestros pechos que fabriquen leche, y la oxitocina es la hormona que estimula que la leche baje desde la fábrica de leche (alveolos) hasta el área de despacho (los conductos lactíferos, que se encuentran en la parte más obscura de nuestro pecho, la areola, y es en donde se debe colocar la boca del bebé para lograr una correcta transferencia de leche, nunca del pezón). Estas hormonas ya se encuentran circulando en nuestro cuerpo y aumentan en los últimos tres meses de embarazo, por lo que el cuerpo automáticamente se prepara para alimentar al bebé una vez fuera del vientre materno. Cuando el bebé nace, se debe colocar inmediatamente después de nacer en el pecho de su madre, para que estas hormonas produzcan el sagrado calostro, que son pequeñas gotas de leche muy amarilla, y que sale muy poco, pues es lo que el bebé necesita los primeros días. A veces el calostro nos hace pensar que los pechos no producen suficiente leche, y no es cierto, ya que, como mencioné anteriormente, se produce en muy pequeñas cantidades, pero es suficiente para el pequeño estómago del bebé. Es importante evitar el uso de pachas y fórmulas lácteas en los primeros días de vida de los bebés, para no interferir con una correcta producción de leche. 

 

Otro aspecto a tomar en cuenta, es que la lactancia debe ser a libre demanda, de día y de noche. Esto quiere decir que la madre debe ofrecer el pecho al bebé las veces que sea necesario, sin horarios ni viendo el reloj, pues es la mejor forma de garantizar que el bebé está recibiendo todo el alimento que necesita. Es normal y esperado que el bebé se despierte varias veces en la noche a mamar, y de hecho esto garantiza la producción de leche al día siguiente.

 

Mito: Si mi bebé nace por cesárea, no voy a poder amamantarlo.

 

Realidad: No importa cómo venga tu bebé al mundo, siempre serás capaz de amamantarlo. Es importante buscar proveedores de salud pro-lactancia para que, en caso de cesárea, sean capaces de implementar algunas prácticas que garantizarán la lactancia materna; como el corte tardío del cordón umbilical, el apego inmediato piel con piel durante una hora completa después del nacimiento o lactancia a demanda. No es cierto que las mamás necesitemos recuperarnos solas en un cuarto, así como tampoco es cierto que la anestesia afecta al bebé. Durante la recuperación, nuestro acompañante (pareja, madre, suegra, amiga) puede apoyarnos para tener a nuestro recién nacido/a piel con piel y realizando sus primeros acercamientos al pecho materno. Existen posiciones para colocar al bebé al pecho y sin lastimar la herida de la cesárea. También es importante que mamá y bebé tengan alojamiento conjunto, es decir, en el mismo cuarto, y si es posible en la misma cama, para evitar el riesgo que al bebé se le alimente con otros líquidos mientras estamos lejos de él. 

 

Mito: Debo evitar ciertos alimentos porque se corta la leche o le hacen daño al bebé.

 

Realidad: No existe evidencia científica que respalde este reclamo. Todos los bebés tienen gases y “cólicos” durante los primeros meses; resultado de la inmadurez de su estómago e intestino. No hay alimentos que la madre deba evitar, ya que los gases no se transmiten por la leche materna. Se dice que los alimentos que la madre toleró durante el embarazo son los alimentos que debe continuar consumiendo durante la lactancia. Si una madre en particular tuvo rechazo a algún alimento, puede ser que éste le dé algún tipo de malestar a su bebé por lo que se recomienda seguirlo evitando al menos durante las primeras 6 semanas de vida del pequeño/a lactante. Es importante alentar siempre a la madre a consumir una dieta balanceada y nutritiva, que contenga todos los grupos de alimentos para garantizar el aporte de energía, proteínas, grasas, vitaminas y minerales que ella necesita para un adecuado estado nutricional. 

 

Mito: El consumo de tés y atoles harán que tenga mucha leche.

 

Realidad: No hay evidencia científica que respalde este reclamo. Todas las culturas del mundo tienen alimentos a los que se le atribuyen propiedades “galactogogas” (que aumentan la producción de leche); sin embargo la mayoría carece de estudios científicos bien estructurados e incluso pueden producir el efecto contrario, pues la madre puede poner sus esperanzas en el consumo de estos “alimentos milagrosos” olvidándose de alimentar al bebé a libre demanda, de día y de noche, lo que puede interferir con la producción de leche. Lo único capaz de garantizar para una correcta producción de leche es la continua succión del bebé al pecho, que produce una adecuada estimulación y producción de leche materna.

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